sábado, 8 de septiembre de 2007

Sei no Shonagon. Extrañas son las emociones de los hombres



Extrañas son las emociones de los hombres y extravagantes sus conductas. A veces un hombre abandona a una mujer bonita para casarse con una fea. Y si bien un caballero que frecuente el Palacio podría elegir a cualquiera de las más hermosas jóvenes de buena familia, muchas veces su elegida es alguien de posición tan elevada que no puede hacerla su esposa, y él, si realmente ha quedado impresionado por ella, languidece hasta morir.

Otras veces un hombre queda tan enloquecido por una mujer sobre quien tiene informes favorables que hace todo lo que está a su alcance para casarse, sin siquiera haberla visto.

No entiendo cómo un hombre puede amar a una mujer, a quien todos, incluso las de su mismo sexo, encuentran desagradable. Me acuerdo de cierta mujer, atractiva, de buen corazón y que además tenía una excelente caligrafía. Envió un bello poema al hombre que había elegido, y él le contestó con una nota pretenciosa, sin siquiera molestarse en visitarla. Ella lloró desconsoladamente, pero él, indiferente, se fue con otra mujer. Todos, aun aquellos a quienes el asunto no atañía directamente, se sintieron indignados ante conducta tan dura, y la familia de la mujer quedó muy apesadumbrada. Sin embargo, el caballero no mostró la menor compasión.

Sei no Shonagon, dama de compañía de la emperatriz Fujiwara no Sadako, siglo X, Japón.

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8 comentarios:

Peibol dijo...

No le falta razón a la chinita esta. Pero los comportamientos de la mujeres, a diferencia de los nuestros, además de extraños son difíciles de describir y casi imposibles de identificar.

Así que no me queda otra que decir: ¡Bailemos con los brasileiros casiotónicos!

Anónimo dijo...

La china calígrafa era una friki. De ahí su poco éxito con los hombres. Para pillar le convendría salir a los bares de copas en vez de perder el tiempo escribiendo chorradicas en mandarín.

Anónimo dijo...

No estoy en absoluto de acuerdo.

Seguro que si la china calígrafa toma la iniciativa en los bares de copas, le vuelve a salir el tiro por la culata ja!

Y más en China, que es un poco más machistas si cabe que aquí. JJJJJJJ.

Pero el cuentico es chulo

Gargamel dijo...

Qué es japonesa, no china, ni cochina. Y vamos me imagino las discotecas del siglo X... yo me apunto. Quién quiere un sake libre?

Mermeladica dijo...

Anda acaba de entrar otro comentario. Ya veo que la cuestión es hablar de amores. La audiencia se multiplica... ya sois más de dos, jjjjj
Alguna aclaración a los de lectura rápida. Gargamel lo ha dicho la calígrafa, preciosa palabra, es japonesa y vivió allá por el siglo X, como pone en la letra pequeña. Se le considera un espíritu libre y avanzado para su época, a fin de cuentas, destacó por su cultura, se atrevió a practicar el arte de la caligrafía como los hombres, y se le atribuyen numerosos amantes.

Y cuando ya estaba mayor, cansada de tanto mover el pincel y el abanico, se puso la túnica y se retiró a un templo budista para meditar, comer arroz y descansar.

Como dejó escrito: “Pertenezco a esa clase de persona que aprueba lo que otros desprecian y detesta lo que a ellos les parece agradable”.

Todo un carácter. Yo no me metería con ella, no sé si habéis visto películas japonesas de fantasmas...

Mermeladica dijo...

Y respecto a lo afirma el amigo Peibol... No te diré que ni sí ni que no, pero tengo la sensación que cada persona es un mundo entero, las leyes básicas de la física son similares para todos, pero las diferentes combinaciones van desde los gigantes gaseosos a los pedruscos congelados, pasando por todo lo inimaginable.. Vamos puritita química siempre a punto de explotar.

Eso de los hombres son simples no lo veo claro. Jaa, creo que es un truco para no poneros a clasificar calcetines por colores y seguir bebiendo cerveza de la lata. Cosa totalmente sana y comprensible. Ergo soy un tío? Le preguntaré al fantasma de la nipona guapetona.

Anónimo dijo...

Hola. Soy el que anteayer afirmó que la china calígrafa era una friki.

Está bien saber que la china era japonesa pero con tus aclaraciones me surgen nuevas dudas:

1- ¿La chica consiguió todos esos amantes haciendo caligrafías o, por el contrario, recurrió a esas milenarias estrategias con las que todavía hoy las mujeres nos desorientáis a los hombres tanto en oriente como en occidente?

2- Si a la japonesita del siglo X se le daban tan bien los hombres, ¿para qué perdía el tiempo mandando poemas a ese japonés que no sabía ni dónde tenía la katana?

3- Y la más importante duda. Cuando la japonesa, ya mayor, se retiró a su gran cuenco de arroz budista ¿estaba cansada de escribir con buena letra o su agotamiento acaso provenía de haber amado a tantos samurais?

Mermeladica dijo...

jaaa. Vamos a tener que invocarla para que nos cuente todo eso. Mira la japonesa se ha ganado otro post y cuento más cositas, en realidad no se sabe muy bien como terminó, malas lenguas dicen que pobre y enferma por haber llevado mala vida... es que hay gente muy envidiosa.

Lo de la historieta que cuenta le debió pasar a una amiga...