miércoles, 31 de octubre de 2007
domingo, 28 de octubre de 2007
IMAGEN
jueves, 25 de octubre de 2007
Puertas
En la casa hay una habitación vacía, en la que cuelga una lámpara con forma de piña, que siempre huele a fruta un poco pasada. Para salir de ella puedes elegir cuatro puertas: una te lleva a la cocina, pequeña pero desde la que se ven pasar las nubes y se oye el sonido rítmico de los cláxones. Pip, pip, como el timbre de una bicicleta, que avisa, saluda y advierte. Presionar con fuerza es de mala educación. Otra da directamente al descansillo: es la salida de servicio, por donde el chico del motocarro entraba las melanzanes y tonteaba con la criada -aunque en realidad no le gustaba- mientras los niños desayunaban antes de ir al colegio.
La tercera puerta da a un recibidor, donde puede bailarse una tarantela o jugar a arrastrar a un hermano menor enrollado en una alfombra. Hay un gran espejo, muchas salidas más, un caballito de marfil que por las noches baja de una columna y recorre con un trotecillo un espacio que no le parece finito. En la estantería de madera, custodiada por dos guerreros pupis, colgados de sus hilos, los libros pesan más por el polvo. En un cajón, el viejo dietario de un político. Con anotaciones para calcular, desde la mentira piadosa de la astrología, qué años son favorables y cuáles no, para la función pública… en Palermo. Con tanta gente que se quedó por el camino, es necesaria la protección de una fuerza mayor que la de Santa Rosalía. Venus, Plutón o Amauri, incluidos.
La cuarta puerta es la más siciliana: la vidriera a medio saltar por algún portazo se abre hacia una sala, con algunos pedacitos de madera que el paso de tacones firmes y de pisadas sutiles han levantado. ¿Recepciones de esposas de altos cargos de carabinieris, guateques de debutantes bajo la mirada severa del paterfamilias, un té mientras el párroco se come una casata…? Todo es en realidad un facsimil: el palazzo visto desde el exterior es un edificio de los años setenta, con pisos de hasta 300 metros cuadrados. El Art Nouveau es muy nouveau, pero el conjunto acumula tanta desidia y encanto decadente como si fuera real. Incluso más.
La tercera puerta da a un recibidor, donde puede bailarse una tarantela o jugar a arrastrar a un hermano menor enrollado en una alfombra. Hay un gran espejo, muchas salidas más, un caballito de marfil que por las noches baja de una columna y recorre con un trotecillo un espacio que no le parece finito. En la estantería de madera, custodiada por dos guerreros pupis, colgados de sus hilos, los libros pesan más por el polvo. En un cajón, el viejo dietario de un político. Con anotaciones para calcular, desde la mentira piadosa de la astrología, qué años son favorables y cuáles no, para la función pública… en Palermo. Con tanta gente que se quedó por el camino, es necesaria la protección de una fuerza mayor que la de Santa Rosalía. Venus, Plutón o Amauri, incluidos.
La cuarta puerta es la más siciliana: la vidriera a medio saltar por algún portazo se abre hacia una sala, con algunos pedacitos de madera que el paso de tacones firmes y de pisadas sutiles han levantado. ¿Recepciones de esposas de altos cargos de carabinieris, guateques de debutantes bajo la mirada severa del paterfamilias, un té mientras el párroco se come una casata…? Todo es en realidad un facsimil: el palazzo visto desde el exterior es un edificio de los años setenta, con pisos de hasta 300 metros cuadrados. El Art Nouveau es muy nouveau, pero el conjunto acumula tanta desidia y encanto decadente como si fuera real. Incluso más.
martes, 23 de octubre de 2007
domingo, 21 de octubre de 2007
El tiempo pasa, pero a veces se detiene un poco

Palermo, donde hemos pasado estos días, es mucho Palermo. Mañana a trabajar, pero intentaré que el ritmo sea todavía el del tráfico caótico, aunque flexible; el del paseo por las calles oscuras, simplemente para mirar y ser mirado; y el de los negocios que se sellan con un beso en la mejila y que se perdieron aquí hace décadas. Como alguien nos dijo todo es cuestión de "conducción filosófica". Así funcionan las cosas...
De nuevo en casa.
viernes, 12 de octubre de 2007
En el tren de juguete
El talgo no se jubila. Continúa circulando con sus remaches metálicos, su rojo desvaido y su aire de vaciones de la infancia. No es que sea lento, los satélites no mienten, ha superado en algunos momentos los 160 kilómetros por hora. Simplemente es que le gusta llegar a su destino por el camino más largo, para permitir que en el trayecto olvides casi todo. Así cuando te bajas arrastrando la maleta, eres ya una persona diferente: paciente, relajada, ajena a los vaivenes del mundo,incluso zen. Otros para conseguirlo tienen que hacerse de una secta. Eso es, cuando menos, mucho más caro.


domingo, 7 de octubre de 2007
Nunca salgas de casa sin camara
Porque esa noche la ciudad se transviste. Aparecen las pequeñas wampiresas tatuadas y simpáticas que asustan a los chicos, con las que reir y bailar, que quieren ser estrellas de un rock cariñoso, con el que hacer amigos y sacar la lengua al aburrimiento. Pero fotos, lo que se dice fotos, no hay. Si que es mala pata. La cámara la tenían ellas. ¿No será que como en la inglaterra victoriana hemos creído ver hadas y nuestro objetivo no ha sido capaz de capturarlas?
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